Llevo veintidós años trabajando dentro de la Universidad de Antioquia. He sido profesor, secretario general, decano, vicerrector. Nunca me he alejado del salón de clase. Y nunca he confundido administrar con gobernar, ni gobernar con mandar.
Me presento a la Rectoría porque conozco esta Universidad desde adentro. Conozco lo que está roto —el déficit financiero, la precarización docente, la deuda del Hospital Alma Máter, las heridas de la violencia basada en género, la fractura del gobierno universitario— y conozco lo que todavía funciona: el compromiso de los profesores, la resistencia de los estudiantes, la dignidad de los empleados y los trabajadores oficiales, la solidaridad de los egresados.
La salida no es la continuidad que nos trajo aquí, ni la intervención externa que terminaría de fracturarnos. La salida es la Universidad respondiendo con su propia voz, con su propio conocimiento y con su propia gente.